Cuando las tías nos ponemos cerdas, por muy buen macho que tengamos al lado, por muy grande y gordo que sea su rabo, nos pone más cachondas el meternos otras cosas menos concretas por el coño. A mí por lo menos, a vuestras novias también, pero no siempre lo reconocen. Y yo lo reconozco hoy.
Es como un pulso de sensaciones el complementar una relación con, por ejemplo, un súper pepino de los del supermercado, masturbarse con él mientras el chico lo ve y correrse de gusto con ese artefacto que no es el suyo y ni se le acerca en medidas ni sensaciones.















