Aunque no lo aparenten, las pijas son igual de golfas o más que cualquier otra sólo que saben llevarlo con más discrección. Tras esas sonrisas de no haber roto un plato en su vida y esas risitas de estupida se ocultan chicas ávidas de sexo y con unas ganas tremendas de follarse buenas pollas.
La pija de hoy no quiere que le veamos la cara en estas fotos caseras para no perder la popularidad y la buena fama que tiene en su clase, pero está más caliente que una perra en celo.

Se siente superior y se cree que ningún tío que conoce está la altura para meterle el rabo en su chochito angelical y por eso cuando llega a casa necesita follarse con un vibrador de última generación para quitarse los calentones diarios que tiene.
Prefiere dejarlos a todos sin sexo para que sigan babeando por ella aunque luego nada más llegar a casa lo primero que haga es subirse su faldita rosa de colegiala y darse el gustazo.
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