Todo el mundo hemos tenido una de esas profesoras buenorras que, cuando eramos jovencitos y teníamos las hormonas disparadas, nos hubiera gustado follar. De hecho, llegábamos a casa y nos hacíamos pajas pensando en ella imaginándola desnuda en medio de la clase.
Se trata de un caso habitual de fetichismo, una fantasía erótica por aquel entonces, en la que sólo imaginar sus tetas a través del vestido morboso que llevaba con un pronunciado escote, probocaba unas erecciones del 15 bajo el pupitre. !Por Dios, que no me saque a la pizarra ahora, pensábamos! Sigue leyendo »

















