Debe ser por la influencia de los astros nocturnos, pero hoy estoy especialmente lunática, onírica. Pienso en mis sueños sexuales, en mis fantasías no cumplidas, o simplemente en mis gustos que no decaen y que se mantienen firmes con el paso del tiempo…
Cuando pienso en un chico haciéndome un dedo, el tipo en sí deja de ser un cuerpo para mí, deja de tener sexo, deja de existir, es una mano que me proporciona placer y no me importa mucho más, salvando los límites que entran dentro de lo considerado morfo-humano. Lo único que me interesa es que sea una mano virtuosa. Diferente sería que lo quisiese para algo más, entonces la exigencia adopta un cariz mayor. Sigue leyendo »













