Uno de mis mayores morbos, al igual que para otra mucha gente, es el colegial. La escenificación, la indumentaria, el rol alumna-profesor… Cuántas veces habré jugado a ello, vestida de colegiala, con mi faldita escocesa, camisa blanca, corbata, coletas y mucha inocencia. Vanessa de colegiala, sumisa, dispuesta a aprender, atenta al profesor y a sus magistrales clases de sexología en un entorno exquisitamente docente y educacional.
Pero claro, cuando ya has escenificado unas cuantas veces la fantasía, el morbo decae y conviene no seguir practicándolo, por eso de que no se pierda la magia, el fantástico recuerdo de las primeras veces. Y hoy me he dado cuenta de ello más que nunca.














