
El manual de la buena puta, que aún no está escrito, tengo que pensar en redactarlo yo, a lo mejor lo publican y todo, indica en sus primeros parrafos que hemos de ser discretas, nos está permitido oir ver y callar y hemos de ser tumbas para lo que nos cuenten nuestros clientes. Yo en más de una ocasión me he encontrado con clientes por la calle, y ante la duda de saber si están o no acompañados, o vigilados que también es posible, no los saludo, si ellos lo hacen encantada estaré de charlar un ratito con ellos, incluso de tomarme un café (si invitan, claro, ya me encargaré yo de que quieran algo más), pero de ahí no debemos de pasar las buenas putas, hacer lo contrario implica que podemos meter a ese cliente en un gran lio, solo hay que imaginar una situación: su mujer a unos metros de él, seguro que le pedirá explicaciones, eso por lo menos.
Por eso me llama la atención que haya hombres que no sepan elegir, para un rato de folleteo, a putas discretas como somos la mayoría, putas que como mucho aspiramos a ser fijas en su más o menos pequeña agenda de sexo de pago. Curiosamente a más dinero que tienen estos hombres más meten la pata y más se van con zorrillas del montón que solo aspiran a glorias efímeras, a salir unos días en la TV pensando que alcanzarán la fama y la gloria. No se dan cuenta, pobres bobas, que no son ellas las que utilizan a ese hombre, solo lo desgracian, y con él al cliente, esas putillas del tres al cuatro lejos de utilizar a alguien más bien son utilizadas por las cadenas de TV para generar audiencia durante unos días y después… si te he visto no me acuerdo.
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