Todavía no sé por qué nos gusta tanto ver a las chicas desnudas con sus peluches en sus dormitorios. Allí están, tiradas en la cama, recostadas sobre una manta llena de muñecajos que nosotros jamás tendríamos.
Todo esto viene a consecuencia de las fotos amateur de la chica que tenía su pingüino. ¿La recordáis?













