Cuando llevo el coche al taller para que me hagan alguna ñapa antes de ir a pasar la ITV, siempre voy a uno que hay en mi radio de acción por recomendación de mi padre. Al principio me era un coñazo ir a hacer esa gestión en un sitio tan sucio, que huele tan mal y con un señor mayor y desaliñado.
Afortunadamente, el señor se jubiló y tomó los mandos del taller el hijo, fue ahí cuando empecé a verle el gusto a eso de ir a revisar el coche y ponerle las tiritas pertinentes. ¿Por qué? Porque el chaval está buenísimo. No me atrevería a adivinar su edad, pero seguro que es más joven que yo, y aunque a mí me gustan maduritos, este me pone perra. Y para lo que yo lo quiero… me sirve.
Está tan rico que hasta me gusta con el mono azul sucio, ahí ocultando un cuerpo musculado bajo ese pestilente vestuario de trabajo.
Cuando voy a dejarle el coche y lo veo allí con esas pintas, me entran ganas de abrirle de cuajo la cremallera y rompérselo todo, sacarle la polla, chupársela y que me folle contra alguna peligrosa herramienta, entre polvo y porquería. No sé quién decía que el sexo es bueno si es sucio, ¿no? ¡¡Pues toma mierda!! ¡¡Tod@s a follar al taller!!
Pero… ¡ay! Me da un “qué sé yo…”. Si estás leyendo esto, que sepas que soy la del Audi TT azul cobalto.

