polvo amateur en el sofa

Un sábado cualquiera, de un caluroso día cualquiera, te despiertas con tu pariente al lado, caliente como una perra en celo, y el muy cerdo te da los buenos días con la polla como un bastón de peregrino del Camino de Santiago.

Tú, parte femenina de la relación, no tienes ganas de nada más que de darte una ducha fría y sentarte en el PC a hacer alguna compra online sin que nadie te moleste. Pero no puede ser, él te coge por banda y te lanza sobre el sofá.


Por no discutir, sacas tu vena sumisa y complaciente, y te dejas forzar, penetrar por la boca profundamente, de lo cual tienes menos ganas que de pegarte un tiro, pero es lo que hay. En el fondo te da morbo complacerlo aunque follar no sea tu mayor apetencia.

Cuando se cansa, te da la vuelta, te coloca a cuatro patas frente a la ventana y con el sol violándote la vista. Te apetece soltarle una coz como un caballo, pero mientras te la clava por el culo, te entretienes viendo a tus geranios crecer y a las marujas del barrio yendo a comprar al Mercadona.

Ni fu ni fa. Cansada de sus polvos y de sus pollazos sin ninguna variación, no sientes nada, hasta que de repente notas un líquido caliente en la espalda. Respiras aliviada. Por fin ha sacado la polla del agujero y se ha corrido en tu espalda.

Y mientras, suspiras para tus interiores; “El polvo se ha terminado, menos mal”.

Seguro más de una os sentís identificadas, pero, ¿Y vosotros? ¿No percibís cuando una chica se muere de pena por la tristeza de vuestros polvos? ¿U os pone más cachondos?