En España no me ha pasado, pero en países como Italia, no es nada extraño ir en transporte público y que un hombre se roce contigo, te meta mano por debajo de la falda, o incluso te termine follando sin ser violación. Los italianos son unos cerdos, pero hasta donde las mujeres los dejamos.
No se cortan un pelo, y son conscientes de que lo mismo pueden recibir un bofetón que un orgasmo inesperado. Aprovechan la masificación en el autobús o en el Metro para rozarte el culo con su mástil bien duro, algunos se llegan a correr sin pudores.
Al principio resulta violento, incluso asqueroso si del barullo que hay no puedes moverte ni girar la cabeza para ver quién narices es el cerdo que se está masturbando con tus turgentes nalgas. Al final, te puede hasta gustar si intentas huir de la situación pero no puedes y le echas imaginación.
La realidad es más dura, es para morirse de asco.
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