Alba la puta bloggera

Los peluches de las putas

Autora: Alba Escort

2 agosto 2010 | 3 Comentarios

Osos de peluches

A veces he currado por temporadillas en puticlubes, cuando me dicen que son buenas plazas le pongo una excusa al crédulo y desinteresado de mi marido y allá me voy, cuando vengo le cuento la milonga de que me pagaron 1500 euros por veintiún días de curro (a veces alguno más para disimular, que si siempre fuesen veintuno sería sospechoso) y el resto me lo llevo calentito.

También con el tiempo he conseguido tener unas cuantas amigas sueltas en el oficio, unas trabajan en pisos, otras hacen la calle y otras cazan clientes en los bares (también las hay) disimuladamente. Con esto quiero decir que he conocido y compartido vida con unas cuantas putas, no muchas, pero si las suficientes para hacer algunas observaciones sobre ellas que me llaman la atención.

Y no, no os voy a soltar un rollo psicológico social que posiblemente ya sepais sobre que muchas de las chicas que ejercemos este oficio procedemos de familias pobres, desestructuradas, etc. etc. etc. más que nada porque tanto no profundicé en ellas y en todo caso las he conocido que proceden de familias así y otras que no, hasta conocí en algún caso a alguna que de pobre tenía lo que yo de multimillonaria, así que eso sería muy largo de tratar y a lo mejor otro día se me ocurre hacerlo en otro post o en varios.

Lo que si he observado es que casi todas las chicas tienen, como si fuesen niñas pequeñas, su peluche, a veces varios, a veces un montón impresionante de ellos que además llevan de burdel en burdel en su peregrinar buscando en donde ganar unos pocos euros más que lo que ganan hasta la fecha para retirarse cuanto antes, pero eso si, todas esas aficionadas a tener peluches, tengan uno o tengan un ciento tienen uno preferido, el favorito. A lo mejor os asombra que mujeres hechas y derechas, procedentes en muchos casos de una vida más o menos dura y en muchos casos con sórdidas historias a sus espaldas tengan semejante afición pero ¡asombraos un poco más! suelen dormir abrazaditas a su peluche, si, tal y como hacen vuestras hijas o hijos pequeños, alguna vez las vi durmiendo acompañadas de su peluche y hasta da ternura verlas.

Ocurre además que las he conocido con peluches de todo tipo, las hay que tienen un osito, un tigre, un gatito, un perro… lo que querais, que suele estar muy ajado, a veces incluso con sus remiendos de puro uso y de andar de un lado para otro en sus cuartos y en sus viajes, no pocas veces esos pequeños muñequitos de tela también están empapados de lagrimas por mil cosas: una madre que se muere al otro lado del charco y no pueden viajar al entierro, un novio que la dejó tras robarla, una compañera que le pegó por quitarle un cliente… etc. Pero… creo que nunca conocí a un peluche macho.

Puta con peluche

A veces les ponen nombres, otras no, pero siempre los tratan en femenino “mi osita”, “la elefantita”, a veces les ponen nombres que suelen ser los de sus hijas, una brasileña dormía siempre en compañia de una muñeca de trapo un poco grande y sonriente, rubita, la llamaba “a Laurinha” que era la hija que tenía al otro lado del charco, sin embargo y curiosamente no tenía un peluche que se llamase “O Roberto” y también tenía un hijo que se llamaba así.

En los burdeles no conviene preguntar demasiado, y para mi gusto tampoco hacer demasiada amistad, el mechero en esos lugares siempre está soltando gas, solo hace falta un chispazo para qu arda todo y si no estás en la quema mejor, así que nunca pregunté de más si no me daban oportunidad, pero aquella brasileña era afable así que le pregunté porque no había un peluche llamado “Roberto” Me contó, con rostro ciertamente apesandumbrado que Roberto era hombre y que a saber que canalladas le haría el día de mañana a las mujeres, quizás a alguna, quizás a muchas, el caso es que daba por hecho que un hombre, aunque fuese su hijo, alguna canallada le haría a alguna mujer.

Otras con las que pude hablar sobre su “Elefantita Rosa” o sobre su “gatita” parecian preferir que su peluche fuese femenino por algo muy similar que podía traducirse en que estaban más o menos hartas de hombres, es como si deseasen que el peluche (o la peluche si lo preferís a estas alturas) que las acompaña por el lado malo de la vida fuese una mujer como ellas, pero una mujer que las comprenda, que sepa lo que sufren o que se alegre con sus triunfos si es que alguna vez los hay (los hay, los hay), es como si un hombre no sirviese para eso, como si jamás fuese a comprenderlas ni en la vida que habían elegido por unos años, ni en lo que esperaban hacer en un futuro a ser posible no muy lejano.

La cosa a veces llegaba a extremos simpáticos, una colombiana tenía un jaguar que ya la acompañaba en Colombia cuando puteaba por Medellín, al peluche le llamaba “mi gatica” (la gente de Colombia usa mucho los diminutivos acabados en ica, ico…), un día por la tarde, antes de empezar a trabajar en aquel club estaba con ella, fumando un cigarro y charlando en su cuarto, no recuerdo bien como agarré a “la gatica” para trastear con ella y observé que entre sus piernas traseras tenía un cosido un tanto tosco, un cosido que no se correspondía con el resto de costuras bien hechas que tenía todo el resto del peluche.

¿Por qué está aquí asi tan mal cosida tu gatica? -le pregunté- Cuando fue a la tienda a buscar el peluche resulta que le gustó el jaguar más que todos los que había pero entre los cinco o seis jaguares iguales al que el que ella tenía no había ninguno hembra o asexualdo “algún cabrón le puso cojones a todos los gaticos” -me dijo- el resto ya lo imaginais vosotros de sobra ¿verdad? cuando llegó a su casa le faltó tiempo para practicarle una rápida cirugía sexual y convertirlo en una preciosa hembra del salvaje y selvático animal.

Jaguar

Terminé preguntándole -logicamente- sobre esa fijación que yo observaba en la mayoría porque todos los peluches fuesen hembras “No aguantas ya bastantes hombres hijoeputas en esta mierda” fue su respuesta.

Una vez una chica había logrado ahorrar el dinero suficiente para volver a su país y vivir la vida de otra manera, se había hecho su casa y en el bajo una tienda de articulos para ganado y ganaderos, que parece que abundaban allá en la región brasileña donde vivía, la tienda la llevarían entre ella y su señor padre, así que su vida parecía encarrilada y resuelta. Cuando hizo las maletas y poco antes de que llegase el taxi a recogerla la vi desde mi balcón en un patio trasero de tierra quemando una ajadisima osita de color fucscia que ella misma se había confeccionado y a la que yo pensaba que le tendría mucho cariño y que iría en una de sus maletas. Por el rabillo del ojo vi a varias chicas mirando aquello desde sus balcones, alguna que otra con el ojo mojado y secando la lagrimilla de turno con el dorso de un dedo, a mi también se me humedecieron los ojos, me parecía entender porque hacía aquello aunque no estaba segura, mi compañera de habitación se dio cuenta, me pasó su brazo por la cintura abrazándose a mi, no te preocupes -me dijo- al quemar la osita quema todo lo malo que vivió, ahora empieza una nueva vida. Espero que desde aquella le haya ido todo de maravilla y que jamás tenga que acompañarla una osita rosa para soportar sus lágrimas y penas.

3 Comentarios:
  1. | Javi dice:

    Es el relato más emocionante y enternecedor que he escuchado nunca. Creo que tienes un nuevo lector.

  2. | luis dice:

    Muy buen articulo,desde antes se sabia que las mujeres que se dedican a esta actividad sufren mucho pero es el precio que tienen que pagar por un dinero rapido xq tranquilamnete se pueen dedicar a otra actividad que aunque no ganen mucho no se sientan denigradas ni usadas,además no es que los hombres sean todos una cagada si lo dicen por los que alguna vez hemos ocupado sus servicios ya que piensa si no hubieran ese tipo de hombresuds no tendrian trabajo

  3. | Alba Escort dice:

    Espero que así sea Javi, me encanta que me leais.

    Cierto es lo que dices Luis pero bueno, cada una tiene su mentalidad y sobrelleva sus penas como mejor puede y a veces un peluche es mejor que una persona, al menos el peluche no contará a nadie tus penas.

Sobre mi

Soy Alba y llevo una doble vida. Soy escort desde hace 1 año y estoy casada sin que mi marido sepa nada de lo que hago.

Esta identidad oculta me hace sentir viva y en este blog os voy a hablar de mi, de sexo y de la prostitución.