La vida hay que llevársela a la boca y pasear la lengua de un extremo a otro. En un momento determinado la vida se materializa exclusivamente en una polla, una polla dulce y amarga, que sabe a todo y a nada.
Una polla que te incita a mamar porque en ese momento estás cachonda, porque así lo sientes, porque no te importa demasiado si le llega al ombligo cuando se empalma o es poco más que un pulgar.
Comer, beber, sentir, todo de un mismo lugar, de entre sus piernas, de esa fuente que emana la poción mágica de la juventud y del deseo sexual. Así es una mamada hecha con gusto, con ganas, sentido por y para ambos.
El destino no existe si la tienes a menos de1 cm de tu boca.
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