Cuando el dentista le puso el aparato en los dientes, ella pensaba que ese iba a significar su final en el sexo. O que al menos, iba a tardar mucho tiempo en volver a follar con un hombre. Por lo menos, hasta que el mismo dentista le quitara los hierros de la boca.
Y tanto lo pensaba, que acabó comprándose un consolador bien grande con el que satisfacerse sexualemente. Y lo utilizó, para masturbarse unas cuantas veces. Todo hasta que descubrió que en los castings porno, tenía cabida su cuerpo, ya fuera con aparato en la boca o sin él. Sigue leyendo »































